Sábete Sancho

Sábete Sancho

 

Sábete Sancho que la imaginación no es un perfume de mujer

como dijo Al Pacino en esa película, es más

que esa película, se parece

a una mariposa grande de antes del Mundo, tiene

cómo decírtelo belleza y

tristeza como cuando llueve encima

del mar

y el zumbido es un hilo hilísimo de silencio.

 

Nada entonces de perfume de mujer, el único perfume

primordial es el clítoris sagrado que parpadea y

gotea fémino y másculo, nupcial

y cerebral y por lo visto húmedo y espérmato, trémulo

hasta el frenesí, animal

contra animal oloroso, ¿y tú,

Sancho, cómo te fue con el placer?

 

Sábete Sancho que estoy triste, ¿de qué se acuesta el hombre

para morir?, ¿de qué latido

pernicioso, con la sien entrando hacia dónde

de la almohada y la oreja, oreja

ya de quién, nadando cuál

de los torrentes sombríos: el pantano

o el vacío sin madre, de cuál de las espinas de la especie?

 

Me

repito, me, ¿y los Urales, Sancho?, saquen

de una vez al muerto.

 

Toda mujer es tajo

suave pero tajo, fascinación

pero tajo, unas hebras finísimas

de alto abajo pero tajo, un olor

a madera recién cortada para la preñez pero

por qué no decirlo tajo torrencial de donde mana

todo Hado, con dos cítaras

de veinte cuerdas cada mes: la del llanto

y la del encanto, con párrafos de histeria y

risa desencadenada hasta donde alcanza

a llover, de donde se deduce que su armazón

es necesariamente húmeda.

 

De repente me puse a hablar en siete mil

idiomas:- Paren

les dije a las estrellas, así no,

así no voy a hablar nunca, estos excesos

son atroces, volvamos

a las sílabas, las verdaderas madres son las sílabas, las

persas especialmente a escala de frescor, todo lo cual

sábete Sancho quiere decir que

 

hubo una vez un pie

en el aire, libre, libertino, como en la Roma imperial,

pie desnudo con tobillo y todo que volaba y

pensaba, bellísimo ese pie, las arterias

pintadas por Duchamp lo descifraban todo, había

que leer ese pie directamente en su destello airoso allá por

[las cumbres

como quien va a una fiesta

y ya no hay baile que bailar. Porque, sábete Sancho, un pie

es un pie y no un despilfarro.

Coleóptero no es.

 

Todo fulgor perecerá, salvo

Osip Mandelstam y

claro Apollinaire. Oh jazz, único jazz, cosmonauta

de los dioses, adiós

viejos vanguarderos del 2008, qu’est-ce que le nouveau?

chacales gruñendo en torno de un manantial seco.

 

Me quedo con las hermosas

que hacen versos, con

las otras no, tienen que ser hermosas, llámense Safo,

Teresa de Ávila, Lou Andreas Salomé, Leonora

Carrington, Emily Brontë, más la otra Emily

Dickinson, más Ajmátova, de repente Gabriela, Nadja que vio a Dios.

¡Me quedo con mi vaticinia de Chihuahua!

 

Me pierdo, todo anda bien en el universo, hay cosas

que pertenecen y otras que no

pertenecen, una carreta

cargada de heno hasta el tope New York arriba

pertenece, un Ferrari a 200 por hora no, ése no,

no se le ven los bueyes, esa

es mi discusión con el Al Pacino: él cree que basta con

un carro veloz y una algo así como piernas largas

tetas rítmicas si queréis.

 

¿Y los duques de la fanfarria, Sancho? Por pudor no hablo

de esos archiduques menesterosos

del petróleo, del fierro, del negocio

bursátil a los que de repente les estalla

en la única mano que les queda. Dante

los metió en el Infierno con estos esos euros

que antes de euros fueron denarios

del imperio imperial. Allá ellos

con ese poco imperio que les va quedando, Irak,

¿qué fue de Irak?

 

Desensillar hasta que aclare, sábete

Sancho que estoy ciego, de los dos

uno me dijo el oftalmólogo a lo Hölderlin, ese derecho

no le da para más, Príncipe,

por último usted ya lo vio todo con el izquierdo, Alteza,

y otra cosa, mi señor: duerma, duerma sin parar, en el sueño

se ve con los dos, ¡ése si que es ofta, Sancho!

y adivino.

 

Uno termina siendo aluminio como el avión, orejas,

nariz de aluminio, seso

de aluminio, burro si tú me excusas

de aluminio y vuela,

¿por qué no va a volar

como ese Dios colgado de un palo? Pues el Jesús

que tanto amamos fue un hombre

colgado de un palo,

le decían crestón y

maricón pero fue todo un hombre

colgado de un palo.

 

-“Padre,

¿por qué me has abandonado?”