Réquiem de la mariposa

 

Réquiem de la mariposa

 

Sucio fue el día de la mariposa muerta.

Acerquémonos

a besar la hermosura reventada y sagrada de sus pétalos

que iban volando libres, y esto es decirlo todo, cuando

sopló la Arruga, y nada

sino ese precipicio que de golpe,

y únicamente nada.

 

Guárdela el pavimento salobre si la puede

guardar, entre el aceite y el aullido

de la rueda mortal.

O esto es un juego

que se parece a otro cuando nos echan tierra.

Porque también la Arruga…

 

O no la guarde nadie. O no nos guarde

larva, y salgamos dónde por último del miedo:

a ver qué pasa, hermosa.

Tú que aun duermes ahí

en el lujo de tanta belleza, dinos cómo

o, por lo menos, cuándo.

 

[Oscuro, 1977]