Desde abajo

Desde abajo

 

Entonces nos colgaron de los pies, nos sacaron

la sangre por los ojos,

con un cuchillo

nos fueron marcando en el lomo, yo soy el número

25.033,

nos pidieron

dulcemente,

casi al oído,

que gritáramos

viva no sé quién.

 

Lo demás

son estas piedras que nos tapan, el viento.

Domicilio en el Báltico

 

Domicilio en el Báltico

 

Tendré que dormir en alemán, aletear,

respirar si puedo en alemán entre

tranvía y tranvía, a diez kilómetros

de estridencia amarilla por hora, con esta pena

a las 5.03,

ser exacto

y silencioso en mi número como un lisiado

más de la guerra, mimetizarme coleóptero

blanco.

 

Envejecer así, pasar aquí veinte años de cemento

previo al otro, en este nicho

prefabricado, barrer entonces

la escalera cada semana, tirar la libertad

a la basura en esos tarros

grandes bajo la nieve,

agradecer,

sobre todo en alemán agradecer,

supongo, a Alguien.

 

[Oscuro, 1977]

El fornicio

El fornicio

 

Te besara en la punta de las pestañas y en los pezones, te turbulentamente

besara,

mi vergonzosa, en esos muslos

de individua blanca, tocara esos pies

para otro vuelo más aire que ese aire

felino de tu fragancia, te dijera española

mía, francesa mía, inglesa, regazza,

nórdica boreal, espuma

de la diáspora del Génesis, ¿qué más

te dijera por dentro?

¿griega,

mi egipcia, romana

por el mármol?

¿fenicia,

cartaginesa, o loca, locamente andaluza

en el arco de morir

con todos los pétalos abiertos,

tensa

la cítara de Dios, en la danza

del fornicio?

 

Te oyera aullar,

te fuera mordiendo hasta las últimas

amapolas, mi posesa, te todavía

enloqueciera allí, en el frescor

ciego, te nadara

en la inmensidad

insaciable de la lascivia,

riera

frenético el frenesí con tus dientes, me

arrebatara el opio de tu piel hasta lo ebúrneo

de otra pureza, oyera cantar a las esferas

estallantes como Pitágoras,

te lamiera,

te olfateara como el león

a su leona,

parara el sol,

fálicamente mía,

¡te amara!

[Oscuro, 1977]

El sol es la única semilla

El sol es la única semilla

 

Vivo en la realidad.

Duermo en la realidad.

Muero en la realidad.

 

Yo soy la realidad.

Tú eres la realidad.

Pero el sol

es la única semilla.

 

¿Qué eres tú? ¿Qué soy yo

sino un cuerpo prestado

que hace sombra?

 

La sombra es lo que el cuerpo

deja de su memoria.

 

Yo tuve padre y madre.

Pero ya no recuerdo

sus cuerpos ni sus almas.

 

Mi rostro no es su rostro

sino, acaso, la sombra,

la mezcla de esos rostros.

 

Tú haces el bien o el mal.

Tú eres causa de un hecho

pero: ¿eres tú tu causa?

 

Te dan lo que te piden.

Piden lo que te dan.

Total: entras y sales.

 

Dejas tu pobre sombra

como un nombre cualquiera

escrito en la muralla.

 

Peleas. Duermes. Comes.

Engendras. Envejeces.

Pasas al otro día.

 

Los demás también mueren

como tú, gota a gota,

hasta que el mar se llena.

 

¿Has pensado en el aire

que ese mar desaloja?

 

Tú y yo somos dos tablas

que alguien cortó en el bosque

a un árbol milenario.

 

Pero ¿quién plantó ese árbol

para que de él saliéramos

y en él nos encerráramos?

 

A ti no te conozco,

pero tú estás en mí

porque me vas buscando.

 

Tú te buscas en mí.

Yo escribo para ti.

Es mi trabajo.

 

Vivo en la realidad.

Duermo en la realidad.

Muero en la realidad.

 

Yo soy la realidad.

Tú eres la realidad.

Pero el sol

es la única semilla.

En cuanto a la imaginación de las piedras

 

En cuanto a la imaginación de las piedras

 

En cuanto a la imaginación de las piedras casi todo lo de carácter copioso es

poco fidedigno:

de lejos sin discusión su preñez animal es otra,

coetáneas de las altísimas no vienen de las estrellas,

su naturaleza no es alquímica sino música,

pocas son palomas, casi todas son bailarinas, de ahí su encanto;

por desfiguradas o selladas, su majestad es la única que comunica con la Figura,

pese a su fijeza no son andróginas,

respiran por pulmones y antes de ser lo que son fueron máquinas de aire,

consta en libros que entre ellas no hay Himalayas,

ni rameras,

no usan manto y su único vestido es el desollamiento,

son más mar que el mar y han llorado,

aun las más enormes vuelan de noche en todas direcciones y no enloquecen,

son ciegas de nacimiento y ven a Dios,

la ventilación es su substancia,

no han leído a Wittgenstein pero saben que se equivoca,

no entierran a sus muertos,

la originalidad en materia de rosas les da asco,

no creen en la inspiración ni comen luciérnagas,

ni en la farsa del humor,

les gusta la poesía con tal que no suene,

no entran en comercio con los aplausos,

cumplen 70 años cada segundo y se ríen de los peces,

lo de los niños en probetas las hace bostezar,

los ejércitos gloriosos les parecen miserables,

odian los aforismos y el derramamiento,

son geómetras y en las orejas llevan aros de platino,

viven del ocio sagrado.

 

[Materia de testamento, 1988]

Enigma de la deseosa

Enigma de la deseosa

 

Muchacha imperfecta busca hombre imperfecto

de 32, exige lectura

de Ovidio, ofrece: a) dos pechos de paloma,

b) toda su piel liviana

para los besos, c) mirada

verde para desafiar el infortunio

de las tormentas;
                             no va a las casas
ni tiene teléfono, acepta

imantación por pensamiento. No es Venus;

tiene la voracidad de Venus.

Escrito con L

Escrito con L

 

Mucha lectura envejece la imaginación

del ojo, suelta todas las abejas pero mata el zumbido

de lo invisible, corre, crece

tentacular, se arrastra, sube al vacío

del vacío, en nombre

del conocimiento, pulpo

de tinta, paraliza la figura del sol

que hay en nosotros, nos

viciosamente mancha.

 

Mucha lectura entristece, mucha envilece

apestamos

a viejos, los griegos

eran los jóvenes, somos nosotros los turbios

como si los papiros dijeran algo distinto al ángel del aire:

somos nosotros los soberbios, ellos eran inocentes,

nosotros los del mosquerío, ellos eran los sabios.

 

Mucha lectura envejece la imaginación

del ojo, suelta todas las abejas pero mata el zumbido

de lo invisible, acaba

no tanto con la L de la famosa lucidez

sino con esa otra L

de la libertad,

de la locura

que ilumina lo hondo

de lo lúgubre,

del laberinto,

lambda

loca

luciérnaga

antes del fósforo, mucho antes

del latido

del Logos.

Gato negro a la vista

Gato negro a la vista

 

Gato, peligro

de muerte, perversión

de la siempreviva, gato bajando

por lo áspero, gato de bruces

por lo pedregoso en

ángulo recto, sangrientas

las úngulas, gato gramófono

en el remolino de lo áfono, gato en picada

de bombardero, gato payaso

sin alambre en lo estruendoso

del Trópico, arcángel

negro y torrencial de los egipcios, gato

sin parar, gato y más gato

correveidile por los peñascos, gato luz,

gato obsidiana, gato mariposa,

gato carácter, gato para caer

guardabajo, peligro.

Guardo en casa con llave

 

Guardo en casa con llave

 

Guardo en casa con llave a las dos serpientes

dinásticas en

trinche aparte: Prorsa (así le puso Stendhal)

es más larga y sigilosa, más

ondulante Versa; las dos

vuelan como cisnes cuando les pido

que hagan su ballet en el aire por la noche; de

día más bien duermen dobladas

en siete, casi siempre en siete, en

su morada de vidrio; sueñan que son

las diosas Nekhbet y Bouto que ya bailaron antes como ellas

en El Libro de los Muertos.

 

Las uso para escribir el Mundo, por eso

les doy leche y uvas, las dejo jugar

libres entre mis papeles; me gusta que hablen solas

como yo, que piensen

su pensamiento de muchachas desde un fulgor

inmemorial sin miedo a

morir: eso me gusta.

 

Además cómo ríen de cada línea loca

que se me ocurre, Versa

es la que más confía en lo que hago, y hasta

acaricia mi oreja, Prorsa la exacta

me exige menos lujo. –Así no,

me dice: sin

euforia.

 

A veces les abro la otra puerta de mi cráneo y ésa sí

es alegría: bailan

hasta enloquecer, vuelan

por mi imaginación como si entraran a

otra galaxia y

no dejan dormir a nadie en ese espejo. La quebrazón

empieza con los gallos.

 

[El alumbrado, 1986] 

La palabra placer

 

La palabra placer

 

La palabra placer, cómo corría larga y libre por tu cuerpo la palabra placer

cayendo del destello de tu nuca, fluyendo

blanquísima por lo vertiginoso oloroso de

tu espalda hasta lo nupcial de unas caderas

de cuyo arco pende el Mundo, cómo lo

músico vino a ser marmóreo en la

esplendidez de tus piernas si antes hubo

dos piernas amorosas así considerando

claro el encantamiento de los tobillos que son

goznes que son aire que son

partícipes de los pies de Isadora

Duncan la que bailó en la playa

abierta para Serguei

Iesénin, cómo

eras eso y más para mí, la

danza, la contradanza, el gozo

de olerte ahí tendida recostada en tu ámbar contra

el espejo súbito de la Especie cuando te vi

de golpe, ¡con lo lascivo

de mis dedos te vi!, la

arruga errónea, por decirlo, trizada en

lo simultáneo de la serpiente palpándote

áspera del otro lado otra

pero tú misma en

la inmediatez de la sábana, anfibia

ahora, vieja

vejez de los párpados abajo, pescado

sin océano ni

nada que nadar, contradicción

siamesa de la figura

de las hermosas desde el

paraíso, sin

nariz entonces rectilínea ni pétalo

por rostro, pordioseros los pezones, más

y más pedregosas las rodillas, las costillas:

-¿Y el parto, Amor, el

tisú epitelial del parto?

 

De él somos, del

mísero dos partido

en dos somos, del

báratro, corrupción

y lozanía y

clítoris y éxtasis, ángeles

y muslos convulsos: todavía

anda suelto todo, ¿qué

nos iban a enfriar por eso los tigres

desbocados de anoche? Placer

y más placer. Olfato, lo

primero el olfato de la hermosura, alta

y esbelta rosa de sangre a cuya vertiente vine, no

importa el aceite de la locura:

-Vuélvete, paloma,

que el ciervo vulnerado

por el otero asoma.

 

[Del relámpago, 1984]