Latín y jazz

 

Latín y jazz

 

Leo en un mismo aire a mi Catulo y oigo a Louis Armstrong, lo reoigo

en la improvisación del cielo, vuelan los ángeles

en el latín augusto de Roma con las trompetas libérrimas, lentísimas,

en un acorde ya sin tiempo, en un zumbido

de arterias y de pétalos para irme en el torrente con las olas

que salen de esta silla, de esta mesa de tabla, de esta materia

que somos yo y mi cuerpo en el minuto de este azar

en que amarro la ventolera de estas sílabas.

 

Es el parto, lo abierto de lo sonoro, el resplandor

del movimiento, loco el círculo de los sentidos, lo súbito

de este aroma áspero a sangre de sacrificio: Roma

y África, la opulencia y el látigo, la fascinación

del ocio y el golpe amargo de los remos, el frenesí

y el infortunio de los imperios, vaticinio

o estertor: éste es el jazz,

el éxtasis

antes del derrumbe, Armstrong; éste es el éxtasis,

Catulo mío,

¡Tánatos!

 

[Oscuro, 1977]