Guardo en casa con llave

 

Guardo en casa con llave

 

Guardo en casa con llave a las dos serpientes

dinásticas en

trinche aparte: Prorsa (así le puso Stendhal)

es más larga y sigilosa, más

ondulante Versa; las dos

vuelan como cisnes cuando les pido

que hagan su ballet en el aire por la noche; de

día más bien duermen dobladas

en siete, casi siempre en siete, en

su morada de vidrio; sueñan que son

las diosas Nekhbet y Bouto que ya bailaron antes como ellas

en El Libro de los Muertos.

 

Las uso para escribir el Mundo, por eso

les doy leche y uvas, las dejo jugar

libres entre mis papeles; me gusta que hablen solas

como yo, que piensen

su pensamiento de muchachas desde un fulgor

inmemorial sin miedo a

morir: eso me gusta.

 

Además cómo ríen de cada línea loca

que se me ocurre, Versa

es la que más confía en lo que hago, y hasta

acaricia mi oreja, Prorsa la exacta

me exige menos lujo. –Así no,

me dice: sin

euforia.

 

A veces les abro la otra puerta de mi cráneo y ésa sí

es alegría: bailan

hasta enloquecer, vuelan

por mi imaginación como si entraran a

otra galaxia y

no dejan dormir a nadie en ese espejo. La quebrazón

empieza con los gallos.

 

[El alumbrado, 1986]