Escrito con L

Escrito con L

 

Mucha lectura envejece la imaginación

del ojo, suelta todas las abejas pero mata el zumbido

de lo invisible, corre, crece

tentacular, se arrastra, sube al vacío

del vacío, en nombre

del conocimiento, pulpo

de tinta, paraliza la figura del sol

que hay en nosotros, nos

viciosamente mancha.

 

Mucha lectura entristece, mucha envilece

apestamos

a viejos, los griegos

eran los jóvenes, somos nosotros los turbios

como si los papiros dijeran algo distinto al ángel del aire:

somos nosotros los soberbios, ellos eran inocentes,

nosotros los del mosquerío, ellos eran los sabios.

 

Mucha lectura envejece la imaginación

del ojo, suelta todas las abejas pero mata el zumbido

de lo invisible, acaba

no tanto con la L de la famosa lucidez

sino con esa otra L

de la libertad,

de la locura

que ilumina lo hondo

de lo lúgubre,

del laberinto,

lambda

loca

luciérnaga

antes del fósforo, mucho antes

del latido

del Logos.